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UROGALLO CANTÁBRICO

El Urogallo en Somiedo

El urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus) es la subespecie de ave forestal más amenazada de la Cordillera Cantábrica y una de las joyas faunísticas más frágiles del Parque Natural de Somiedo. Esta gran gallinácea —la mayor de Europa— habita los hayedos maduros y los bosques mixtos del parque desde hace miles de años, pero su población ha sufrido un declive catastrófico en las últimas décadas que la sitúa al borde de la extinción. Avistar un urogallo en Somiedo es una experiencia extraordinariamente rara y privilegiada.

Características del Urogallo Cantábrico

El urogallo presenta un marcado dimorfismo sexual en tamaño y plumaje. El macho es una ave imponente de plumaje negro con reflejos azulado-verdosos en el pecho, alas pardas jaspeadas, cola negra con algunas manchas blancas que despliega en abanico durante el celo, pico de color marfil y una característica carnosidad roja sobre cada ojo. La hembra es considerablemente más pequeña y discreta, con plumaje moteado de pardo, negro y blanco que la camufla perfectamente entre la hojarasca del bosque. Ambos sexos tienen las patas cubiertas de plumas —adaptación al frío— y los orificios nasales protegidos para soportar temperaturas extremas.

  • Longitud del macho: hasta 1 metro; de la hembra, unos 58 cm
  • Peso del macho: 3,5–5 kg; de la hembra, 1,5–2,5 kg
  • Longevidad: hasta 20 años en libertad

Hábitat en Somiedo

El urogallo cantábrico depende de los bosques maduros de haya (Fagus sylvatica), aunque también utiliza robledales, abedulares y bosques mixtos. Necesita masas forestales antiguas con varios estratos de vegetación, abundante sotobosque de arándanos —su alimento principal en verano— y árboles grandes con buen porte para perchar. En el Parque Natural de Somiedo, los hayedos umbríos de los valles del Pigüeña y el Somiedo, por encima de los 900 metros de altitud, constituyen el hábitat más adecuado para la especie. Los cantaderos —los claros del bosque donde se reúnen los machos para cantar— suelen ubicarse en zonas despejadas y herbosas en el interior o en el borde de estos hayedos maduros.

El Celo: Los Cantaderos

El espectáculo más singular del urogallo tiene lugar en abril, coincidiendo con el brote del hayedo. Los machos acuden al amanecer a los cantaderos, zonas tradicionales que utilizan año tras año, para exhibirse ante las hembras. El macho despliega la cola en abanico de 180°, eriza las plumas del cuello y emite su característico canto —una secuencia de cloqueos, golpes y un largo silbido final— que le da nombre al género (Tetrao deriva del griego «tetrix», gallo). Durante la última fase del canto, el urogallo queda momentáneamente ensordecido, incapaz de percibir los sonidos del entorno —de ahí el nombre en otras lenguas como el alemán Auerhuhn o «gallo sordo». La hembra, una vez fecundada, anida en solitario y se ocupa en exclusiva de la incubación y el cuidado de los polluelos.

Reproducción

La hembra construye el nido excavando una oquedad en el suelo al pie de un árbol grande o entre la vegetación arbustiva densa, donde pone entre 5 y 8 huevos de color mantecoso finamente moteados de pardo. La incubación dura 26 a 29 días y el macho no interviene en absoluto en el cuidado de la descendencia. Los polluelos son nidífugos —abandonan el nido pocas horas después de nacer— y se ocultan entre la vegetación, donde son presa fácil para zorros, martas y rapaces. Normalmente solo prospera un polluelo por nidada, que realiza sus primeros vuelos a los 15–20 días de edad. La supervivencia de los pollos durante las primeras semanas de vida es el principal cuello de botella para la recuperación de la especie.

Alimentación

La dieta del urogallo varía marcadamente con las estaciones. En primavera y otoño consume principalmente brotes tiernos de haya, hojas de acebo, escaramujos y servales. En verano, el arándano (Vaccinium myrtillus) constituye la base de su alimentación, siendo determinante la presencia de este arbusto en el sotobosque para la presencia de la especie. En invierno recurre a hojas de acebo, brezos y coníferas. Los polluelos son insectívoros durante sus primeras semanas de vida, cuando necesitan proteínas para crecer, y van incorporando progresivamente los vegetales a su dieta.

Estado de Conservación: Una Emergencia

El urogallo cantábrico atraviesa una crisis de supervivencia crítica. A principios del siglo XX existían más de 10.000 individuos en la Cordillera Cantábrica; hoy se estiman entre 200 y 300 individuos, lo que le convierte en la subespecie de ave forestal más amenazada de España. Está catalogado como «En Peligro de Extinción» en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Las principales causas del declive son la fragmentación y degradación del hábitat forestal, la depredación — especialmente por el jabalí, que destruye los nidos— el cambio climático (los veranos más secos reducen la producción de arándanos), las molestias en los cantaderos durante el período reproductor y la depredación de polluelos. Somiedo alberga uno de los últimos reductos viables de la especie y su conservación es una prioridad absoluta.

Indicios de presencia de urogallo

  • Cantaderos: claros herbosos en el interior de hayedos maduros, con presencia de troncos y árboles muertos. Pueden reconocerse por la acumulación de plumas y excrementos alrededor de los posaderos.
  • Huellas: tres dedos delanteros robustos y un dedo trasero muy corto. La pisada de la hembra mide 9–10 cm y la del macho 11–12 cm de longitud. Se aprecia bien en barro y nieve.
  • Nidos: oquedad excavada por la hembra en el suelo al pie de un árbol grande, a menudo entre vegetación arbustiva densa o al abrigo de un tronco caído. Frecuentar zonas de nidificación conocidas está totalmente desaconsejado por el riesgo de abandono del nido.

Avistamiento responsable del Urogallo en Somiedo

Dado el crítico estado de conservación de la especie, el avistamiento del urogallo en Somiedo debe realizarse con máxima responsabilidad. Está terminantemente prohibido acercarse a los cantaderos durante el período reproductor (marzo–junio), ya que la mínima perturbación puede provocar el abandono del cantadero por varios años. Cualquier avistamiento o indicio de presencia debe comunicarse a los agentes medioambientales del parque. Observar a un urogallo cantábrico en libertad es hoy en día uno de los eventos más raros y privilegiados de la naturaleza española.

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